Eres una espina clavada en algún lugar profundo de mi tórax, que no logro identificar exactamente cual es, pero lo supongo.
Y me dueles al respirar, me dueles al reirme y me dueles al llorar.
Me dueles cuando como, cuando ando y cuando duermo.
Cómo has podido dejarme marchar. Cómo.
Hoy iba sola por el camino que recorres cada mañana, y fíjate si estaré loca, que le iba susurrando a los mismos árboles que ves siempre, a las paredes, a los bancos, a las palomas, a las baldosas que te dijeran que te echo enormemente de menos.
Que intenté echarte de más, pero fracasé.

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