Querido diario:
Me siento tan mal. Creo que nunca valdré para nada, lo mejor que puedo hacer es quitarme de en medio.
No le encuentro sentido a nada, mi vida ha sido una serie de errores en cadena, decisiones mal tomadas que han ido creciendo como una bola de nieve que rueda montaña abajo, y que ahora se me estampa en plena cara.
Me he ido aislando poco a poco, apenas tengo que amigas con las que realmente contar. No sé con quién salir a tomar algo, si no es con la ristra de tios cansinos que me vienen detrás. Estoy harta de tener citas y no sentir nada. No ilusionarme. Estoy harta de ser la peor en todo, de ser tan torpe y patosa, tan tímida, de no saber qué decir ni qué hacer nunca. Vivo completamente por inercia, porque como, bebo y duermo.
Y me esfuerzo, me esfuerzo por ser feliz, lo juro. Las cosas que me hacían feliz hace un o dos año, han desaparecido. Mi mejor amiga de toda la vida ya no me habla, en cambio hace una feliz vida con sus nuevos chupiamigos guays. Y yo como siempre una pequeña niña marginada, sola, sola, siempre sola.
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